De pequeña, mi abuela me contaba un cuento distinto cada noche. Un día, yo tenía muchísima curiosidad por saber de dónde sacaba las historias, así que se lo pregunté. Esperaba que me dijera que las sacaba de algún lugar, algún sitio especial, pero solamente me contó que eran hechos reales, y que poco a poco me daría cuenta de que cada vida es un cuento y que cuando fuera mayor tendría el mío propio.
Por aquel entonces no lo entendía. ¿Un cuento? ¿Eso que significaba, que era una princesa? ¿Que viviría en un castillo? ¿Que encontraría a mi príncipe azul?. Después, mi abuela se sentaba en un sillón y esperaba a que mi hermana y yo nos durmiéramos. Siempre se sentaba en ese sillón, aunque estuviera cansada o tuviera cosas que hacer. Ese día, mi abuela se durmió, por el agotamiento del día, y al cabo de un ratito, mi abuelo entró, le dio un beso en la mejilla y se la llevo su cama. A los pocos minutos mi abuelo volvió, nos dio un beso a mi hermana y a mi, nos tapó y no nos dijo: “Mañana os haré buñuelos para desayunar pequeñas”. Yo seguí abrazada a mi osito, y dando vueltas a lo que mi abuela me había dicho. No encontraba la respuesta, sólo tenia clara una cosa: por lo que mi abuela decía, !era un princesa!
Ahora he crecido, la cosas han cambiado, ya no juego con muñecas, ya no tengo un cajón lleno de juguetes a los que no hago ni caso. He crecido, sí, y es verdad que ya entiendo mejor lo que quería decirme mi abuela, aunque no del todo. Ya sé que no soy una princesa, que los cuentos de hadas no existen, que para triunfar hay que estudiar, y también he entendido que mi cuento empezó a escribirse hace años y que cada risa es una línea de este cuento. Puede que no sea el mejor cuento del mundo, puede que en el aparezcan nuevos personajes, o personajes principales pasen a ser secundarios. Pero es mi cuento y me gusta, y siempre tendré la esperanza de poder sentarme en un sillón, y contar mis historias a pequeñas personas. Y que si me duermo, siempre habrá alguien dispuesto a levantarme y llevarme a la cama, aunque no sea un belleza, tenga la cara llena arrugas o me duela todo.
Aida Figueras, 4ºB

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